viernes, 8 de junio de 2007

En el otoño del mundo

Cuando vi las planillas que podía utilizar para hacer esta página virtual personal, este diario de vida cibernético que por razones que desconozco le llaman "blog", me llamó la atención la planilla verde, puesto que me recuerda los bosques, las hojas de los robles atravesadas por la luz de la tarde. Sin embargo, opté finalmente por el negro para ser consecuente con el sentimiento que me invade al pensar en el período en el que me tocó vivir. Todo es negro aquí.
¿Qué futuro sino uno negro podemos esperar de nuestra "obra" sobre este planeta y nosotros mismos?

Cuando estaba en el colegio, la crisis existencial que le viene a muchos, me vino también. No entendía por qué éramos todos así, perversos, inescrupulosos o, por último, tontos y ciegos. Durante las clases de historia daba vueltas una y otra vez sobre la problemática demográfica y sobre la conciencia ecológica*. Mis compañeros me escuchaban, pero al salir del aula, pasa lo que siempre. Es como cuando soñamos, o cuando vemos una película; en su desarrollo, uno parece estar dentro, ser un personaje testigo y, en cierta medida, lo es, pero no pasa un minuto desde que termina, y la película pierde su significancia.

Ahora me doy cuenta del por qué mis compañeros se pasaron por el culo al salir de la clase lo que habían escuchado. Todos somos producto de lo que nos ha tocado vivir y, por último, de cómo hemos decidido -o podido- afrontar nuestras vivencias. Visto lo anterior, y aunque suene tan obvio, el hacer caso omiso a dicha verdad es lo que nos juega malas pasadas cuando no sabemos abordar de buena forma a las personas que nos rodean.

Ahora quiero dejar que mi vida siga el rumbo que le corresponda, durante un segundo de este último tercio de la vida que nos queda como especie.

*Cuando hablo de conciencia ecológica, me refiero a aquella que tiene que ver con el cómo se relacionan los seres vivos entre sí, y de la funcionalidad o disfuncionalidad que exista en dicha relación. No confundir ecología con el vanal gusto por los animalitos o el capricho de algún adinerado.


Ahora, a las 17:42,
esta parte del mundo
le da la espalda al sol.
las gaviotas y los pelícanos

sobrevuelan el horizonte
de la misma forma que lo hacían sus antepasados
cuando el mundo era joven.

Pero cuando los climas del mundo
jueguen a las cambiaditas
veremos desfilar bandadas interminables
de aves exóticas nunca vistas desde estas playas,
que lucirán sus plumajes tornasol ante nosotros
y batirán sus estilizadas alas sólo para decirnos
"adiós"

1 comentario:

Tomás Rivas Fuenzalida. dijo...

Esa es la cuestión, el medio nos moldea plenamente, y uno tiene la capacidad de decidir por uno mismo solo en cierto sentido, ya que todos somos diferentes, y nuestras desiciones son consecuencia de muchos factores gigantes y minúsculos que juntos nos insitan seguir mediandonos en esta mierda.
Somos puros monos con frío,... refleccione , de ahí nació toda la mierda.