Sabido es que la política está envuelta por un manto enorme de prejuicios, sobre todo cuando especificamos en tendencias. La principal razón de lo anterior es que mucha gente confunde la política propiamente tal con el partidismo, que consta de agrupaciones de personas que se ganan la vida "haciendo política" o "entregando su vida a la gente", como les gusta decir a ellos.
La Real Academia Española de la Lengua define así el término política:
política.
(Del gr. πολιτική).
1. f. Arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados.
2. f. Actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos.
3. f. Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo.
4. f. Cortesía y buen modo de portarse.
5. f. Arte o traza con que se conduce un asunto o se emplean los medios para alcanzar un fin determinado.
6. f. Orientaciones o directrices que rigen la actuación de una persona o entidad en un asunto o campo determinado.
La mayoría de la gente tiene en el inconsciente y algo difuminadas las ideas de la primera y la segunda acepciones del diccionario, correspondientes al Gobierno Estatal y a los "políticos" respectivamente.
Notemos que la tercera acepción hace referencia a los ciudadanos. En nuestro país, la gente nombra en contadas ocasiones la palabra política, pues le parece algo ajeno a su cotidianidad e inconscientemente la relaciona con los prejuicios que ella misma tiene con respecto a la susodicha.
En dictadura, la gente no decidía absolutamente nada. La derecha esperó que su General hiciera lo que estimara conveniente para el país. Y lo hizo. Una vez terminado el régimen militar, la mayoría de los líderes carismáticos de izquierda estaban muertos y los que no, se dejaron llevar rápidamente por las maravillas que les ofrecía una carrera política sin adversarios y con jugosas utilidades si se convencían de que el neoliberalismo era la opción de sacar adelante al país.
El modelo económico que se impuso por la fuerza extrema en nuestro país y que fue celosamente protegido por los gobiernos de la Concertación funciona sin la ciudadanía. La política, en países como el nuestro, es una actividad reservada para contadas personas, especializadas en "moverse" (tomando la acepción vulgar de la palabra), en "tener pitutos" por aquí y por allá. Lo anterior se hace evidente si nos fijamos en la rotación de los cargos políticos en el Gobierno. Un Ministro de Defensa pasa a ser ministro de Salud o de Educación, sin necesidad absoluta de tener experiencia ni mucho menos competencia en dichos asuntos.
En Chile no existe el plebiscito vinculante, ni el referéndum ni la consulta ciudadana, excepto casos muy contados en algunos municipios. La única participación de la ciudadanía es elegir a quienes serán sus "representantes", es decir, esas pocas personas que decidirán por ella los asuntos que atañen a todos...
Es necesario tener la noción de ciudadanía en el imaginario colectivo de una sociedad para que la política la hagan los ciudadanos.
La Real Academia Española de la Lengua define así el término política:
política.
(Del gr. πολιτική).
1. f. Arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados.
2. f. Actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos.
3. f. Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo.
4. f. Cortesía y buen modo de portarse.
5. f. Arte o traza con que se conduce un asunto o se emplean los medios para alcanzar un fin determinado.
6. f. Orientaciones o directrices que rigen la actuación de una persona o entidad en un asunto o campo determinado.
La mayoría de la gente tiene en el inconsciente y algo difuminadas las ideas de la primera y la segunda acepciones del diccionario, correspondientes al Gobierno Estatal y a los "políticos" respectivamente.
Notemos que la tercera acepción hace referencia a los ciudadanos. En nuestro país, la gente nombra en contadas ocasiones la palabra política, pues le parece algo ajeno a su cotidianidad e inconscientemente la relaciona con los prejuicios que ella misma tiene con respecto a la susodicha.
En dictadura, la gente no decidía absolutamente nada. La derecha esperó que su General hiciera lo que estimara conveniente para el país. Y lo hizo. Una vez terminado el régimen militar, la mayoría de los líderes carismáticos de izquierda estaban muertos y los que no, se dejaron llevar rápidamente por las maravillas que les ofrecía una carrera política sin adversarios y con jugosas utilidades si se convencían de que el neoliberalismo era la opción de sacar adelante al país.
El modelo económico que se impuso por la fuerza extrema en nuestro país y que fue celosamente protegido por los gobiernos de la Concertación funciona sin la ciudadanía. La política, en países como el nuestro, es una actividad reservada para contadas personas, especializadas en "moverse" (tomando la acepción vulgar de la palabra), en "tener pitutos" por aquí y por allá. Lo anterior se hace evidente si nos fijamos en la rotación de los cargos políticos en el Gobierno. Un Ministro de Defensa pasa a ser ministro de Salud o de Educación, sin necesidad absoluta de tener experiencia ni mucho menos competencia en dichos asuntos.
En Chile no existe el plebiscito vinculante, ni el referéndum ni la consulta ciudadana, excepto casos muy contados en algunos municipios. La única participación de la ciudadanía es elegir a quienes serán sus "representantes", es decir, esas pocas personas que decidirán por ella los asuntos que atañen a todos...
Es necesario tener la noción de ciudadanía en el imaginario colectivo de una sociedad para que la política la hagan los ciudadanos.

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